Tanto que no duela
Septiembre 6, 2007
Si yo fuera tu novia, te dedicaría esta canción, pero ambos sabemos que jamás estaremos juntos, porque al nacer me prometieron en mano a Christopher Robin, y tú fuiste prometido a Sheila, la prostivedette quitariñones, esa que es tan famosa y temida en el Cono Sur de Lima.
Pero ambos nos queremos tanto, con ese cariño entrañable, que sí, está en las entrañas, en alguna parte entre los omóplatos y la hormona tiroidea, entre la vesícula biliar y el talón de Aquiles, entre mis trompas de Falopio y tus riñones, esos que tienes que aprender a proteger tanto desde ahora.
Y somos felices así, y nos abrazamos de vez en cuando, y te veo y entonces sonrío aunque ahora ya no hablemos tanto, y quiero que seas tan feliz, tanto que cuando sonrías se vean todas las curaciones de tus muelas, tan pero tan feliz, tanto que no duela.
¿Ahora me entiendes, Elisa?
Agosto 20, 2007
Ahora entiendes porqué estamos ambos muertos en vida, ahora entiendes que la distancia que nos separa es un miserable centímetro, ahora entiendes que desperdiciamos cada respiro que tomamos, cada paso que damos, cada día y cada noche. ¿Ahora lo entiendes, Elisa?
No somos más que un desperdicio de vida, ofendemos a los dioses y al tiempo. Estamos muertos. Debemos estar juntos viviendo la vida que queremos, con la casa, el perro (aunque, por ti acepto cualquier gato), con el jardín y las flores que a ti te gustan, con nuestros hijos corriendo por todos lados y nosotros haciéndoles la lonchera, tan cansados pero tan felices como para siquiera pretender quejarnos, tan felices, amor, tan felices. Pero no estamos haciendo nada de eso y cada segundo no vivido contigo me duele en la espalda, como quemaduras de cigarrillos que nunca terminan. Acepto que la culpa es toda mía, amor, de mis órganos internos, de mis fluidos y de mi falta de convencimiento para hacer que te quedes a mi lado a pesar de todo, lo sé, pero ¿ahora lo logras entender? Ahora que voy a hacer lo que voy a hacer por nosotros.
Somos un fraude, Elisa, es cierto. Somos un árbol sin hojas ni frutos, un círculo sin cerrar, tú el agua y yo la tierra estéril, y todas aquellas metáforas tan simples y trilladas que me dan ganas de vomitar. Somos todo lo que te dice tu madre en cada oportunidad que encuentra, sí, amor, pero también somos lo mejor que nos ha pasado en la vida, lo único que vale la pena defender. Por eso debemos permanecer juntos a pesar de todo, porque no podemos vivir separados, tú lo sabes bien, dime por favor que lo sabes y que todo esto no ha sido en vano. Dime que sabes que ese hijo en tus entrañas nunca deberá nacer porque es una aberración de lo que debió haber sido. Ese hijo tuyo debió ser mío también, pero es que acaso no lo ves, Elisa. Te llevas mi vida entera. Te llevas nuestro destino dentro de tu vientre.
Si tu hijo nace, ya no amarías a nadie más. Te conozco, mi vida. No amarías ni siquiera a tu esposo, solo amarías a tu hijo y a nadie más, porque al menos sabes distinguir el amor verdadero de las mentiras que todos te arrojan, por eso sé que entenderás lo que voy a hacer.
Ese hijo debió ser mío, debió ser también mío para que amaras no una parte de ese imbécil con el que estás, sino una parte de mí, amor. Debimos cerrar el círculo juntos, debimos hacer crecer nuestra felicidad y prolongar tu hermosa herencia, nuestro hijo debió tener tus ojos y mi quijada, pero no puedo evitarlo, Elisa, soy un terreno baldío por dentro, estoy seco, no tengo ni una gota de vida dentro de este cuerpo para regalarte. No puedo darte el hijo que tanto desean tus entrañas, pero puedo evitar que cometas el peor error de tu vida porque, Elisa, yo soy tus entrañas. Riégame con tus lágrimas, humedéceme, amor, ayúdame. Ayúdame. No me abandones, por favor. Yo seré tu hijo. Perdónalo. Perdónalo por dejarte vacía.
Noah
Agosto 16, 2007
Y me da pena saber que cuando me abanique, los recuerdos que tenía de él se irán esfumando, uno por uno, hasta que no me dé cuenta realmente del valor de lo perdido. Siempre sucede así. El olvido mata la esencia de lo olvidado. Solo queda un sinsabor, imperceptibles comisuras en los labios, amagos de sonrisas que nunca volverán a ser las mismas. Me va quedando una sensación general, como si hubiera entrado a un museo alucinante, un museo de juguetes antiguos, y solo tuviera la oportunidad de recordar uno, de cogerlo entre mis manos y examinar sus detalles para retenerlo durante unos segundos más en la memoria.
Podría albergar miles de oraciones, párrafos y textos completos, pero a medida que pasa el tiempo, solo me quedará de él una palabra que jamás hará justicia a todo lo que era. Es así: terminas olvidando lo que olvidaste. Olvidas a la persona que habías construido dentro de ti, como un collage que se cae a pedazos.
Pero a pesar de todo, y porque resulta imposible evitarlo, creo que siempre quedará algún vago recuerdo perdido en alguna dendrita. Temo que se activaría si veo, si veo pequeñas cosas que me recuerden a él, esbozos de su rostro, su fantasma. Como ver tan solo su silueta, sus chalinas, sus zapatillas. Sus ojos vacíos, que mi mente rellena; su sonrisa quebrada, que mi memoria delínea. Imágenes fugaces que de tanto ser manoseadas por mí, terminarán albergando tan solo mis huellas dactilares. La versión mía de tu persona, o lo que creía que era tu persona.
Una por una, las fotografías mentales que tomé de ti, desfilarán de entre el medio mis ojos y saldrán agazapadas por la puerta trasera de mi cerebro. Dendrita a dendrita, neurona a neurona, los recuerdos que me quedaban de ti se irán esfumando, esta vez no por los efectos irremediables del tiempo y la memoria, sino por el calmo tono de mi voz retumbando en cada una de ellas, informándoles: “Ustedes no existen, nunca lo hicieron.”
Por eso, Noah, por eso puedes estar acá parado enfrente de mí, puedes gritar todo lo que quieras, puedes insistir hasta el hartazgo, pero, ya ves, no te recuerdo, pues ya sé quién eres.
Eleonor
Julio 19, 2007
Si te dijera todo lo que pasa por mi mente en estos momentos, entonces, es muy probable que nunca me vuelvas a hablar, así que escribo. Sí, pues, qué más puedo hacer, me conoces bien. Te escribo por última vez. Esta carta de mí para ti. No te preocupes, no es una carta de amor; sé lo mucho que te incomodan y los gestos raros en tu rostro que haces al leer una. No. Esta es una carta profética. Esta carta te dirá el futuro; lo que será de tu vida después de lo que hiciste conmigo.Confieso que estos diez años junto a ti han sido los mejores; de hecho, podría decir que fueron mi vida entera. Sí, ya sé que exactamente fueron ocho, que si sumas los meses que estuvimos separados, suman dos años; pero qué importa, Eleonor. Qué clase de persona recuerda eso. Sí. Tú. Tú que al leer esta carta pondrá una cara de disgusto, como cuando a alguien le recuerdan que tiene que salir a trabajar en la mañana, como cuando te recuerdan que debes lavar los platos; una cara de asco. Ese rostro tuyo es la razón por la que no te puedo decir esto en persona, ni te lo diré jamás. No te preocupes, me iré, pero no antes sin dejarte saber de alguna manera lo que pasará contigo, porque siento que es mi deber. Ya sabes que nadie te conoce tan bien como yo, Eleonor, ni nadie se molestará en hacerlo. Solo yo sé lo que pasará contigo y con tus manos, contigo y tu sonrisa, tus canciones, tus películas y los libros que nunca leíste.
Luego de analizar esta carta y entretenerte deslizando tus ojos por mi caligrafía que te gustaba tanto, te sentarás sobre tu cama (estarás muy tensa como para siquiera echarte). Por tu mente no pasarán desfilando los recuerdos que tienes conmigo, no recordarás ni siquiera mi rostro; solo tendrás esta sensación oprimiendo tu pecho ahora vacío, esta sensación de haber perdido a la persona más importante en tu vida, esta sensación que he sentido desde que te largaste con tus cosas sin decirme nada, y lo sabes. Sabes que solo yo soy la amalgama de tu vida, la única constante de entre todos los pedazos de tu memoria, de tus pensamientos, de tus sentimientos. Tú fuiste aquella persona para mí, por eso ahora te puedo decir lo que pasará contigo, Eleonor, porque conozco cada línea de tu mano, cada línea de tus pupilas color miel, la profundidad exacta de tu ombligo. Conozco tus pesadillas y tus sueños. Conozco tus pasos porque los diste conmigo. ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¿Cómo, Eleonor? Dime, cómo pudiste tirar así nuestras vidas a cambio de unos días libres de amor. ¿Quién puede querer dejar de ser amada, Eleonor? Solo tú.
Porque, sin ningún rezago de modestia, puedo decir que yo era y seré el hombre de tu vida. Sé que solo hubieras querido que yo te amase. Entonces, dime, dime Eleonor, ¿por qué me dejaste?, ¿por qué te dejaste? Diez años… ocho. Para mí, los mejores; para ti, un desperdicio de tiempo y energías. Ahora vete, pues, vete. Entra en tu cuarto, siéntate en tu cama azul mientras lees esto. Abre el paquete y saca la pistola que viene con esta carta, y únete a mí.
Te conozco, Eleonor. Sé que si huíste así de mí, que soy tu todo, es porque huías de la vida y no de mí. Y yo te entiendo, Eleonor, y hago las cosas más fáciles para ti. Ahora voltearás los ojos hacia la pistola, la cogerás, Eleonor, sabrás que tengo razón, que no podemos estar separados, que si te fuiste de mí es porque querías irte de ti.
Luego, Eleonor, dejarás caer esta carta, dejarás de llorar y verás lo que yo veo. Cogerás el arma y vendrás conmigo.
Entonces ven, amor, acompáñame.
Te estoy esperando.