“All there´s left is all I hide.” – Elephant Gun, Beirut
Me dijo mamá que llamaste esta madrugada, desesperada por comunicarte conmigo. Imagino que querías contarme sobre los sakuras que hay en el parque cerca de tu nueva casa, sobre los programas de concursos tan surreales (los que dijiste me encantarían), que querías hablar sobre las luces en las calles, las tiendas abarrotadas de gadgets y tecnología de punta, sobre millones de japonecitos caminando de un lugar hacia otro (sé que siempre te han gustado los chinitos) que son casi tantos como las máquinas expendedoras que hay regadas en las calles de Japón. No sé nada de ti pero imagino que también querías contarme sobre los reproches de tus familiares que te dirán que por qué no compras cámaras y celulares, Renata, en lugar de gastar tu dinero en lámparas de papel de arroz y clases de origami. Te puedo ver sentada en medio de tu clase con un chullo en la cabeza y estoy segura de que cada día que pasa te acercas más a hacer las mill grullas de origami que cumplirán uno de tus deseos. Casi me hiciste los ojos agüita cuando dijiste que usarías ese deseo en mí, aunque sé que es mentira, y que seguramente pedirás por tu nuevo esposo.
Sofi, llamé ese día a tu mamá preguntándole tu nuevo número. Quería hablar contigo sobre un favor. Quería pedirte que pasaras por donde el departamento para recoger unos papeles. Ya lo vamos a vender definitivamente. Con Renzo decidimos que era inútil tener un departamento allá porque ya no pensamos volver. Y si volvemos de visita, nos quedaríamos donde mi mamá. Quería pedirte que por favor recogieras unos documentos de la propiedad. Ahora no tengo el número, pero te lo haré llegar cuanto antes y te agradezco de antemano el favor.
No sabes cuánto daría por visitarte un día. Subirme a un avión, cruzar todo este mundo entero y tomar té verde contigo. Tengo tanto qué contarte, Reni. Tanto. Han pasado tantas cosas desde que partiste y te regalé ese compilatorio de canciones de viaje. ¿Te acuerdas de Elephant gun de Beirut? Cuánto amabas esa canción. Apuesto que sigue en tu mp3, aunque ya te hayas saturado de ella hace tiempo. Iba a hacer un compi para escucharlo cuando yo también viajase, iba a hacer otro compi para el día de mi boda, y otro para cuando diera a luz. Pero no he hecho ninguno, porque nada de eso ha pasado aún.
Las cosas por acá están bien. Más que bien diría yo. Renzo y yo ayer cumplimos 3 años juntos, y pensamos tener un bebé. Le está yendo bien en el trabajo, así que estamos tranquilos. Yo no tengo que trabajar, y sí, a veces veo esos programas de los que dices, pero no hay ninguna sakura por mi casa. Qué gracioso que te acuerdes de todo eso. Las cosas a veces no salen como las pensaste, pero ahora estoy feliz y tranquila, aunque la verdad me preocupo un poco por ti.
Nos íbamos a ir en avión, Renata, las dos, ¿te acuerdas? Las dos a cualquier parte. A todo el mundo. A NY. A sobrevivir de los hot dogs que comeríamos en esos carritos en las calles que veíamos en las películas, los íbamos a comer todos sentadas en las banquitas del Central Park, mientras yo te apuraba para que acabes de una buena vez e irnos a visitar el Guggenheim antes de que cierren, y después al MoMa, y al American Museum of Natural History. Sé que te estás riendo en estos momentos, y que me imaginas dando saltitos, emocionada por las cosas que veo, diciéndote “¡Pero es que es taaan genial!” y tú aburrida con tu cara de “okeeey”. Jajajajaja.
En el poco tiempo que la tuve al teléfono tu mamá me dijo que no sabe qué estás haciendo con tu vida, Sofi. En toda tu carta no mencionas por un momento a Eduardo, ni que te propuso matrimonio, ni que tienes cinco meses de embarazo. ¿Qué te pasa, Sofía? Todo esto te está pasando y no me has contado ni una palabra. Me preocupas. Tu mamá también me ha dicho que aún no le contestas a Eduardo y ¿que quieres venirte a Tokio? ¿En qué piensas? Los he visto juntos, sé que lo quieres, ¿por qué quieres posponer todo?
Después te hubiera jalado hacia lo más alto del Empire State para escupir o tirar pennys a los peatones de abajo a ver si lográbamos noquear a uno aunque la física estuviera en nuestra contra. Tú me hubieses jalado hasta la casa de Paul Auster a hacer guardia a que salga para acosarlo y pedirle un autógrafo. Pero sé que en el fondo no hubieras podido. Te hubieras quedado estática babeando, repitiendo autísticamente quizás el nombre de Sidney Orr. ¿Te acuerdas de que queríamos huir como él? Vamos a Kansas dijiste. Vamos en bus o en avión o en triciclo. Vámonos a cualquier parte, pero vámonos. Yo no dudé de ti en ningún momento. Yo te creí. Te creí siempre. Me acuerdo que te miré como en shock y dije que sí. Solo que sí. Y tú te reías tanto con esa risa fortísima que ahuyentaba todas mis dudas.
En serio, espero que mejores. Espero que te establezcas. Que compres un departamento porque sé que si quieres, puedes, solo que no sé por qué no lo haces, Sofi. Solo tienes que proponértelo, solo tienes que quererlo. Puedes hacer lo que te dé la gana pero no haces nada. Solo piensas en Tokio, en NY, pero no son nada si tú no eres nadie. Piensa en ti, en Eduardo, en tu hijo o hija que todavía no nace. ¿A qué estás jugando? No lo sé, pero como le dije a tu mamá, espero que reacciones que ya es tiempo. Están pasando los años. Piensa en tu futuro. Cada vez te quedarán menos y menos opciones que elegir en la vida. Piensa en ti y madura de una buena vez.
Ya han pasado ocho años, Reni, y tú estás allá en Tokio, mientras yo sigo aquí en mi cuarto desordenado. El mismo de siempre, solo con algunas cosas nuevas. Muchas cosas que pensé que habría hecho para mi edad no las he hecho. Ahora dejo que todo avance a su paso, a mi paso. No tengo prisa. Estoy bien, dentro de todo. Estoy tranquila. Quisiera que estuvieras aquí y me vieras, creo que te sentirías orgullosa de mí, porque estoy bien. Quiero verte por eso también quería saber si me puedo quedar unos días con ustedes en su casa, porque ya casi tengo ¡todo para irme a Tokio!. También pienso ir a Osaka y a Okinawa. ¡Será tan divertido que me enseñes todo! ¿Te imaginas? Desde ya te digo que tienes que dejarme contestar el teléfono para responder con un ¡moshi-moshi!
Toda tu carta no ha sucedido ni sucederá. Es tiempo de que aproveches lo que tienes ¿no crees? Deberías estar agradecida de que tienes a tu familia contigo, de que tienes trabajo, de que no estás sola, de que tienes tu salud, de que eres muy talentosa. Valora eso, Sofía, que puedes perder todo de un momento para otro. Nadie sabe qué va a pasar. Ya no está tu hermano contigo para decirte estas cosas. Él está haciendo su propia vida, deberías aprender algo de él. Mira, Sofi, sé que nos conocemos de toda la vida, pero creo que no debes gastar tu dinero y venir a Tokio. Piensa en tu futuro, en la familia que vas a formar, en tu trabajo. No puedes dejar todo así. Lo siento mucho, pero si vienes, no serás bienvenida en nuestra casa.
¿Imaginas? Yo en Tokio y Piero en NY. Solo falta Pereira, porque mis papás no quieren salir de la casa. A Piero no lo veo desde que viajó hace cuatro meses; en los pocos mails que me escribe me dice que está bien, que las cosas van bien, que extraña a Pereira, pero que piensa comprarse un perro propio cuando esté mejor establecido. Mis amigos siguen ahí, algunos viajaron, todos están trabajando, pero tú sigues siendo mi mejor amiga, por eso me duele que estés tan lejos. Todos han cambiado, Reni. Todos cambian. Ya nadie es como antes, es como si algo hubiera muerto y solo yo me diera cuenta. ¿Qué podría ser peor que perder a tus amigos? Que cambien, que ya no sean los mismos de antes. Por eso te extraño, porque sé que tú sigues igual, porque somos mejores amigas, porque te está yendo tan bien y estás logrando todo lo que quisiste. Porque no cambiaste.
Espero que todo te vaya bien, de corazón. Ojalá nos veamos algún día y hablemos de cómo nos fue. Y sobretodo espero que entiendas que sí he cambiado, que no soy la misma que antes y que tú también deberías hacer lo mismo.
Un abrazo,
Renata
Pd: a más tardar el próximo lunes te tengo los teléfonos para averiguar sobre los documentos. Gracias.
Te quiero tanto, Reni. No puedo esperar a verte y abrazarte y contarte todo lo que está pasando, porque cuando por fin te vea y te abrace y te cuente todo, entonces sentiré que estoy avanzando, que estoy haciendo algo bien en mi vida. Porque tú eres la persona que me conoce más, por eso tengo que verte, porque sin ti siento que me pierdo.
¡Muchos abrazos y besos!
Sofi
Pd: Pereira manda saludos. Tú salúdame a Renzo y no olvides de mandar tu carta con algún pétalo de Sakura. Son tan bonitos.