Soy el mar
Octubre 21, 2009

El amor de Valentina es tan épico como eterno, tan ingenuo como melodramático. Quitar una de esas características, es no entender el amor de Valentina. Y no entender el amor de Valentina es no entenderla a toda ella. Y ella es tan adorable. No la conozco desde hace mucho tiempo, pero nos hemos hecho amigos, y yo la escucho y la escucho, y ella habla como atrapando mariposas que revolotean dentro de la máquina de hacer raspadillas que es su cerebro.
En mi asiento de primera clase, viajaba de la claridad de sus ojos chispeantes a las estalactitas de sus ocurrencias más oscuras. Tantas caminatas de sinsentidos con sentido que te desarman. Tardes de argumentos lógicos con el más ridículo tinte que te hacen dudar de lo que creías era cierto. Así era Valentina: no daba nada por sentado, preguntando todo como un niño en el zoológico. Un niño con una sobredosis de azúcar. ¿Por qué las jirafas tienen el cuello tan largo? ¿Por qué los pandas son blanco y negro? ¿Por qué no puedo olvidarme de él y dejar de amarlo?
Valentina es una chica inteligente, graciosa, no es una niña, pero a veces lo parece tanto que eso me conmueve y me hace dudar de mí mismo. Qué podría decirle para aplacar sus dudas, para calmarla, para hacerla feliz. Para hacerla entender que valía mucho más de lo que creía. Valentina es una chica simpática y atractiva. Con un cuerpo ondeante listo para ser tocado, estrujado, abrazado, amado a todo momento, que parece contradecir su rostro risueño. Con una sonrisa contagiosa, una risa estrepitosa y ojos como chispitas mariposa satando en trampolines. Cualquier chico hubiese estado orgulloso de llamarse su chico, pero Valentina no parecía querer a cualquier chico, sino uno. Uno solo. Y uno al parecer criado por bestias salvajes.
No lo conozco personalmente, pero bastó que ella me contase algo que él hizo para comenzar a odiarlo. Sin embargo, mantuve mis labios cerrados cuales persianas, tanto ante los escasos momentos felices, como a los semanales momentos miserables de su vida. Ay Valentina, Valentina. En un año tuvo como seis infecciones y enfermedades. Su ánimo subía y bajaba como un yo-yó tiernamente perdido. Yo solo atinaba a abrazarla y decirle que todo estaría bien, que ella sabía la respuesta a sus prolíficas dudas, que solo tenía que tener los huevos para llevar a cabo su decisión.
Hace un año fuimos a un café, ella ordenó un café negro y yo un mocha blanco. Terminé con él de una vez por todas, me dijo. Y luego vi cómo se deslizaban lágrimas por su cara pálida. Es lo mejor, le dije, es lo mejor. No te merecía. Era un imbécil. Un huevón infantil. Haz sido valiente, Valentina. Te traía más malos momentos que buenos. Y le dije todas esas cosas que siempre se dicen y que lastimosamente casi siempre son ciertas. Sí, tienes razón, traté ¿sabes? Traté, pero ya no podía soportar tanto sufrimiento, tanta huevada… Por cierto, tu café es de nenitas. Reí con mi cara triste, si eso es posible, lleno de alivio por su decisión.
Luego de eso pensé que Valentina mejoraría, que recobraría las ganas de nuevo, que por fin no viviera bajo este chico que parecía apretar el botón de off dentro de ella y su energía de siempre. Pero me equivoqué. Las cosas estuvieron bien por un tiempo, luego mal, luego bien, luego mal. Hasta llegado el punto en que Valentina se contenía y no me contaba cómo se sentía para, según ella, no aburrirme ni molestarme con sus cosas, sus depresiones. Pero ello era imposible. Ella es Valentina, y es una persona especial a quien quiero mucho. A pesar de su neurosis y sus argumentos e ideas revueltas, en lugar de cansarme de lo que decía, comencé a darme cuenta del río debajo de todas sus palabras a primera vista ingenuas y casi obsesivas. Era un río prístino, nuevo, caudaloso. Con un gesto en su rostro inefable me preguntaba triste ¿por qué, por qué él se ha podido olvidar tan rápido de todo? ¿Por qué quiere ser mi amigo ahora? No logro entenderlo, Carlos, si él estuvo ahí, ahí conmigo, ¿por qué ahora tan indiferente, tan egoísta? Y Valentina lloraba sus lágrimas prístinas y yo solo podía abrazarla sin evitar preguntarme lo mismo. Qué dicen las enciclopedias de esto, qué podría responderle. Las jirafas tienen el cuello largo para poder alcanzar las hojas de los árboles, los pandas son así porque son pandas y los debes amar, y no, Valentina, no sé por qué mierda el amor se acaba. ¿Acaso no logra entender que yo lo sigo extrañando a pesar de todo?
De pronto el mundo se tornó injusto, triste, como cuando te das cuenta de que la humanidad está acabando con la Tierra. Me siento tan desperdiciada, me confesó. Como si hubiera vivido algo que realmente no existió. No tuve corazón para decirle que en efecto lo que apreció tanto, lo que significó tanto para ella y lo que la llenaba y hacía feliz ya no existía. Cómo podría contaminar el río dentro de ella. Cómo podría decirle que Santa Claus no existe. Que el amor se acaba. Solo se acaba. Porque sí.
-Valentina, escúchame. Somos amigos, yo te quiero, y quiero que seas feliz, sé que serás feliz. Pero escúchame. Tú rompiste y rompiste porque te hacía miserable. El ya no está enamorado de ti. Ya no te ama. Sentirá cariño por ti, pero nada más, ya te olvidó. Ha olvidado todo lo que tuvieron. El ya lo superó y tú tienes que hacer lo mismo.
Valentina comenzó a reír entre lágrimas.
- Pero Carlos, ¿es que no entiendes? El amor es lo que tú crees que es. Es un sentimiento que solo tú puedes sentir, y tiene las cualidades que tú le atribuyas, los adjetivos que tú le pongas. El amor eres tú.
- ¿Cómo es eso?
- Mi amor es más fuerte, por eso me duele tanto y sigo así después de tanto tiempo. Su amor es diferente, está endulzado con Splenda, no le gusta echarse en el pasto ni ver fuegos artificiales, y tampoco le gusta tocar timbres y correr. Pero, ¿sabes? eso me pone feliz, porque no quisiera sentir otra clase de amor. Solo el que decido dar. Mi amor. El amor de Valentina.
La abracé lo más fuerte que pude y sentí como si abrazara a una niñita y a un monje budista al mismo tiempo.
El amor de Valentina es como Valentina. Tan épico como eterno, tan ingenuo como melodramático. Y espero con todo mi ser que encuentre a alguien con un amor como el suyo antes de que crezca, para que así, al ver a Valentina a los ojos, pueda seguir viendo detrás de sus pupilas a esa niñita de cinco años saltando sobre la cama de sus papás luego de haberse tomado dos vasos llenos de prístina agua.
Mi panzaaa, se mueeeveee. Ahhhh… ¡Soy el mar! ¡Soy el mar entero!
Uno, dos, tres…
Julio 1, 2009
Testing…
Testing…
Alguien lee esto?
Ahora las únicas veces que entro a este blog son para aprobar comentarios que le hacen a mi entrada sobre Sánchez Cerro que seguro encontraron por Google… hihihihi
Ummm bueno, aprovecharé para dejar un cosito bonito a aquellos que se molesten en poner Home al blog.
Verdes años
Enero 17, 2009
Anticuerpos
Enero 13, 2009
El hijo de inmigrantes se encontraba en un estado, por decir lo menos, deplorable. Sin contacto humano por más de cuatro meses, con urzuelo en el ojo derecho y con unas ganas alienígenas de probar comida de su pueblo, Roberto decidió ponerle fin a este su destierro espiritual de la única manera en que podía hacerlo: filmando su propia película, con él de protagonista, encarnando la una historia de un hijo de inmigrantes que se encontraba en un estado, por decir lo más, deplorable. Sin haber tocado a nadie ni haber establecido relaciones interpersonales durante más de cuatro años, con una adicción al valium y a las chaliñas delgadas y largas, Elías decide poner fin a su lamentable situación de la única manera en que podría hacerlo: embriagar hasta la falange de su pie izquierdo, tambalearse por la vereda frente a la casa de su ex novia y cantarle con una muy mala entonación la canción que él mismo ha ido perfeccionando durante cuatro meses, perdón, cuatro años, porque… sin drama, Helena, sin drama ni exageración, la vida que vivimos solo serían comerciales de televisión. Necesitamos el meteorito del 2012, necesito el ébola y el ántrax, necesito los agujeros negros, necesito la muerte, para poder hacer crecer estos alicaídos huevos y poder cantarte afuera de tu ventana de una vez por todas, la última vez de todas, el amor que has dejado sin cosechar en mí.
Actualmente Roberto se encuentra iniciando la escritura de este su guión original. A veces lo veo por su ventana, solo y abrigado. Le intento hacer el habla pero es inútil, así que le propuse corregir tus textos después del colegio. No tengo nada que hacer y me parece un buen tipo. Por supuesto, no he leído nada de su guión aún y no sé su nombre real. Espero conocerlo dentro de poco.
Blog, adiós
Septiembre 17, 2008
Tenía pensado en volver a escribir más seguido en este blog, pero ahora creo que dejaré de hacerlo. Para lástima de las dos únicas personas que lo leían, es decir, Mimo, mi gato, y su peluche, es decir, la mascota de Mimo, mi gato.
Me crearé otro blog. Me pondré un nombre falso y escribiré libremente, porque cómo puede uno tratar de engañar con palabras si es que saben quién es, es decir, en este caso yo que soy conocida por Mimo, mi gato y su mascota. No sé cómo pueden publicar libros con un nombre verdadero… Tampoco sé qué nombre ponerme. Se aceptan sugerencias… Creo que me pondré nombre de hombre. Les creen más y no sé por qué.
Observaciones lógicas: Por ti iré a dormir ahora mismo
Septiembre 16, 2008
Todos duermen. Todos no existen, menos tú y yo. Que duramos acá juntos. Los dos. Como nariz y bigote, como mesa y mantel, como la flor y sus pétalos… porque sé que no estaremos siempre juntos, un día me dejarás sola en el mundo, y ese será el día en que haya perdido a mi mejor amigo, a mi fiel compañero, a la mitad que me une con lo más puro de la naturaleza. Ese día conoceré la tristeza y el pánico más infantil, y lloraré un volumen infinito y fosforescente cual aurora, el volumen de la alegría que me traes tan solo al mirarte.
Ahora estoy en la sala, son las 4:24am. Tienes sueño, lo sé porque tus ojitos se cierran, y porque estás recostado sobre mi muñeca izquierda que trato de no mover tanto al tipear para no incomodarte. Quizás estés leyendo estas líneas, quizás sientas los besitos que te doy a veces en tu cabecita, quizás quieras ya que me vaya a dormir. Por ti lo haría. Por ti iría a dormir para que tú me sigas como siempre y también duermas cómodamente en una de las dos almohadas de mi desordenada cama.
Mis problemas son a veces irrisorios, lo sé porque te recuerdo y se estrellan cuales barcos de papel contra la isla bostezante y perezosa que eres y el árbol siempre florido que es lo que significas para mí. Para mí eres la eternidad, lo que no cambia, lo que vale la pena. Así que por ti lo haré. Por ti iré a dormir ahora. Por ti me levantaré mañana y alcanzaré las estrellas y al mísmisimo Sputnik. Por ti reharé mi vida para que puedas verme y sentirte orgulloso. Por ti, solo por ti, que sigues echado incómodo sobre mi muñeca izquierda como tantos días como tantas noches.
Nuestro nombre
Septiembre 16, 2008
Te gusta mi nombre?
Sí, es igual al mío.
Feliz cumpleaños
Julio 14, 2008
- ¿En Nueva York también es mi cumpleaños?
- Sí.
- ¡Qué bien!
No puedo
Mayo 5, 2008
Paula sabe, porque le enseñaron desde chica, que no se debe decir jamás “no puedo”, porque no, porque si dices no puedo, entonces no podrás, porque uno debe y puede poder, porque uno siempre puede ganar, siempre Paulita, siempre, ahora límpiate la sangre y desata el hilo y comienza de nuevo. Eso Paula lo sabía. Uno debe siempre poder, y seguir cosiendo, tengo que aprender y seguir cosiendo, tengo que aprender antes de mañana, antes de la tarde, antes de la hora del recreo. Antes de que vengan a recogerme.
Pero ahora, ahora que es un mediodía tan gris y frío, ahora que se encuentra sentada en el pasto en medio del parque ese grande que tanto le gustaba en este mediodía tan casi medianoche, pues, Paula solo puede pensar que no puede. No que nunca pudo, o que nunca podrá. Solo que no puede. No puedo. No puedo. No puedo.
-¿Qué haces?
- Nada.
-¿Qué te pasa?
- No, nada. Estoy bien.
Carolina la miró sentada en el pasto, secándose las lágrimas. Sintió asco. Tuvo ganas patear a Paula, de hecho, imaginó que lo hizo, imaginó que la pateaba, que la jalaba del cabello y le escupía a la cara. Estúpida. Gente estúpida.
- Vamos a la casa.
Y Paula secándose las lágrimas, levántandose, pensando en no puedo no puedo no puedo no puedo más, pensando que debía regresar ya, pensando que Carolina, su hermana, era todo lo que tenía y que incluso si pudiera escaparse, no lo haría, por que no puedo no puedo no puedo es que no puedo, por favor.
Tigres
Abril 24, 2008
Cuando cargo a mi gato y me quedo viéndolo y lo mezo y le digo ñaña de gato, a veces siento que acaricio entre mis brazos un pedacito de tierra húmeda, de árboles verdes, de animales peludos. Acaricio un pedacito de Universo. Un tigre entre mis brazos. Un tigre eterno.
Cuando te tengo cerca y acaricio tu carita y me quedo viéndote, a veces siento que acaricio un pedacito de tigre. Cuando leo en tus ojos, a veces siento que leo el Universo entero, como una novela en espiral hacia abajo, que es en verdad hacia arriba, pero que no es para ningún lado, porque es para todos lados porque es el infinito. Porque eres tú. Acaricio un momento de eternidad. Tú entre mis brazos, un pedacito de sincronía. El Universo entero.
